Bitácora de Disonancias

Quiero compartir lo que recuerdo que pasó mientras escribía los 12 cuentos que formas mi libro Disonancias. No lo hago para conseguir comentarios ni likes, ni mucho menos para enseñar nada a nadie. Para lo primero, lo más normal y común es que ni siquiera una persona lea esto que voy publicando en esta red virtual de google; en realidad. lo que quiero es rememorar, re-interiorizar lo que sentía mientras escribía cuentos, mientras escribía. Por lo segundo, y menos importante, ya sería imposible agregar una fuente más de enseñanza de escritura creativa con toda la oferta que hay, como si se pudiera aprender a escribir creativamente; supongo que tomará un tiempo antes de que se den cuenta de que la inteligencia artificial no es creativa sino que elige al azar contenidos ajenos, siempre serán ajenos, y los acomoda de una manera que espera sea aceptada por su pedidor de escritos (vamos pensando, si alguien pide a la IA que le escriba algo creativo, de ficción o no, es alguien no creativo o que no sabe redactar, por lo que cualquier cosa le parecerá buena, y no descarto acá a los amantes de la lírica grandilocuente y enrevesada que confunden con poesía. Lo dicho, no saben escribir ergo cualquier emplasto es bueno).

   Fueron 12 cuentos los que escribí durante el encierro obligatorio de la pandemia que sucedió en el 2020. En realidad, si no considero algunos esporádicos viajes con mi pareja y sin ella, mi costumbre ya era desde hacía un buen tiempo en años el de estar, no vivir, el de sobrevivir como el personaje al que el Joaquín Sabina le sugiere cosas que hacer para vivir hasta los 100 años. No compartía, ni hacía todas las sugerencias del cantante, pero muchas de ellas, que no las he dejado de hacer aún después de mudarme a la fuerza porque mi mujer ya no me quería a su lado. Esa separación, intempestiva y forzosa, me llevó a acentuar un bloqueo que se había iniciado hacía un tiempo atrás, un poco antes de descubrir mi condición de PAS o de extra sensibilidad de nacimiento, que resulta ahora que esa misma sensación de frustración y exacerbación emotiva, sumadas al deseo casi constante y automático de no hacer sentir mal a los demás al corregirlos o encaminarlos intelectualmente, me hacen pensar ahora que mi real defecto podría ser el ser adulto con AACC (siglas para suavizar las palabras altas capacidades) con temor, pánico, a ser excluido por ser percibido falsamente como arrogante o relamido de superioridad intelectual. Me bloqueé, decía. Y vaya que me bloqueé.

    Mi cuarto o quinto plan de desbloqueo sería este: retomar los cuentos, que quizás el reto de una novela es lo que me asusta, empezando por los que ya escribí, aunque no es la idea corregirlos o reescribirlos o amplificarlos, no. La idea es recuperar esa persistencia que tuve el 2020 para sacar adelante los, digamos, ocho cuentos que me resultaron relativamente fáciles, y los otros cuatro que hice para llegar a 12 cuentos de la Disonancia, la docena que usaba hasta para contar el número de ejercicios que hacía en casa o fuera de ella. Una o media docena de vueltas al parque, dos docenas de sentadillas, una o media gruesa de abdominales. Y no debo olvidar que hice todo un estudio de las estructuras de los cuentos o narraciones en castellano del bueno, para no quedar tan mal como aquél escritor de anécdotas del pueblo donde crecí que su primer cuento lo hizo con un objetivo pedagógico y con material dudoso y que cerró su cuento con el tantas veces untado final de niños: y colorín colorado... Tuve la suerte, o desdicha, de encontrarme con los blogs de escritura de cuentos de Teresa Dey, docente mexicana; y digo desdicha, no por lo que decía Teresa en sus blogs, muy exhaustivos y completos, sino por las posibles interpretaciones falsas que podía darle a sus ideas y recetas este impostor de la escritura con la autoestima por el suelo desde que supe hablar. Pienso volver a revisar las teorías de estructuras narrativas de Teresa Dey, no por seguir a pie juntillas, sino para ver por dónde arranco otra trocha que me lleve a mi propio estilo.

    Así, desde la siguiente publicación empezaré cuento por cuento, enteros o por partes. Presentándolos y buscando decir qué pasó cuando estaba en sus creaciones y qué podría ser si los creara ahora. pero ya dije que no los cambiaré ni reescribiré, ya están hechos, tienen vida que, aunque solitaria de lectores, tiene derecho a vivir.